lunes, 1 de marzo de 2010

Lo que hace grande cada día

Últimamente sólo escribo cosas negativas en el blog y he decidido que va siendo hora de cambiar de tercio. Más allá de los agobios del día a día, la economía, el cansancio acumulado, la falta de tiempo y todas esas cosas, mi vida está llena de momentos muy especiales que me dan la fuerza y la alegría para tirar pa' lante y minimizar esos otros aspectos no tan bonitos que todos los mortales tenemos que sufrir.

Un día cualquiera de lunes a jueves sería más o menos como sigue. "Cariño, es hora de levantarse". Esta frase la dice mi marido en un susurro y yo, con una voz que casi no me sale del cuerpo respondo: "mmmm, ¿qué hora es?", "son las 7", me dice y yo le suplico "cinco minutos más por favor". Entonces me pone el despertador para dejarme ese ratito más y él se va a pasear al perro. El día comienza mal, porque no nos engañemos, madrugar, excepto a algún despistao, no le gusta a casi nadie. Pero peor sería si el primer sonido que escuchara antes de abrir el ojo fuera el horrible ring ring del despertador. Así que agradezco infinito a mi querido marido que tenga la delicadeza de despertarme de esta manera.

Cuando consigo poner un pie en el suelo voy directa a la ducha y cuando ya estoy vestida suele llegar Ramón con Mambo de su no siempre apetecible paseo mañanero. Y entonces tiene lugar uno de esos momentos chulos a los que me refería antes. Cuando se oye la puerta, Lola saluda desde su cuna con un clarísimo "hola" que es a la vez una forma de decir que tiene hambre y quiere su bibe. Pero la muy golfa lo dice con esa risa picarona que tiene que no puedo evitar ir corriendo a darle un bocao. Y ya de paso me meto en la cama de Lucía a darle unos achuchones para despertarla porque a esas horas está totalmente grogui (excepto los fines de semana, que suele despertarse y, a la par, despertarnos).

Entonces nos vamos todos a la cocina a desayunar y, si todo va bien y no surgen imprevistos tipo enfado de la mayor porque quería seguir en la cama o no le apetece desayunar o que alguna de ellas está pocha y le da por vomitar o algo similar, disfrutamos de otro agradable encuentro familiar.

Este espacio de tiempo que va desde que nos levantamos hasta que cada cual llega a su centro de trabajo o estudios es toda una aventura. Todos los padres y madres me entenderán perfectamente. Suele ser bastante estresante por lo general, porque los niños no entienden eso del tiempo que hemos inventado los mayores y hacen las cosas a su manera y a su ritmo. Es complicado explicarle luego a tu jefe que has llegado tarde a la oficina porque tu hija tenía que terminar de dibujar una mariposa para una amiga del cole o porque se le ha ocurrido preguntarte qué era la mitología o cuánto te había costado el piso donde vives (basado en hechos reales) y, por supuesto, tu hija de 6 años no se conforma con una respuesta cualquiera, hasta que no lo ve claro no deja de preguntar. Tienes dos opciones, zanjar el tema gritando en plan padre autoritario y quedarte con un mal cuerpo que pa qué (y tu niña llorando con razón) o intentar pacientemente encontrar las palabras para explicarle el tema de forma adecuada a su edad. Y eso, a las 8 de la mañana, con otra niña de 1 año tirando de tu pantalón y con falta de sueño es muuuuuuuuyyyy difícil. Pero cuando te sale bien, te creces, oye, qué bien te sientes.

Después salimos todos pitando hacia los curros respectivos, en el mismo coche porque ahora tenemos uno estropeado, y me dejan primero a mí en la puerta del metro. Por el retrovisor veo a mis dos princesas de la mano. Ahora Lola quiere ir siempre de la mano de su hermana en el coche. La otra tarde Lucía no se tomó la merienda nada más salir del cole porque no quería soltarle la mano a su hermana en el coche por si lloraba. Me emocioné. Vaya dos!

Lo que viene a continuación lo voy a obviar, porque no me apetece hablar de trabajo, tal vez otro día, no sé. El caso es que ahí desconecto y me pongo en modo curranta hasta que llega la hora de salir. Casi ni hablo de mis cosas en la oficina, también puede ser porque llevo poco tiempo en este sitio y no tengo mucha confianza con nadie aún.

Cuando me marcho, cambio de nuevo el chip y empiezo a pensar en todo lo demás. Por lo pronto hay que recoger a las enanas. Primero a Lola de la guarde y después a Lucía. Hoy hemos ido juntos Ramón y yo a por la pequeñaja. En cuanto nos ve entrar se pone a dar vueltas y a correr por la clase, riendo sin parar. Le gusta que la persigamos. Luego protesta cuando le ponemos el abrigo, ¡qué poco le gusta que la manejen! Después salimos andando, ya no va en brazos, hasta el coche. Le encanta ir andando, creo que se siente mayor.

A veces vamos con ella a buscar a la hermana al cole, otras, como hoy, no. Y entonces, en cuanto escucha las llaves en la puerta y oye la voz de su hermana, sale como un cohete a darle un abrazo y decirle "hola". Este es otro momento mágico para mí. Me enternece ver que se quieren tanto. Hasta hace muy poco, Lola pegaba y mordía a su hermana, aunque también jugaba y se reía mucho con ella, pero no consentía en darle un abrazo. En cambio ahora... todo lo contrario. Y es genial verlas así. Yo tenía mucho miedo a los posibles celos entre hermanas, sobre todo de la mayor hacia la pequeña, sin embargo han ocurrido fundamentalmente al revés, de la peque a la mayor. Lo que me parece curioso, aunque sé que es habitual también. Pero por muy normal que sea, qué duda cabe que a los padres disfrutamos muchísimo viendo a los hermanos llevándose bien y si encima están jugando, riéndose y bailando como mis dos payasitas esta tarde, mejor que mejor. Esta es una de las canciones que han bailado, nuestra última "adquisición" de la biblioteca pública, del disco World Playground CD Volume 2 del sello Putumayo:



Después de este rato de bailoteo, ya he tenido suficiente ración de alegría diaria, pero la cosa no se queda ahí. La tarde-noche tiene su aquel, es algo parecida a la mañana, sólo que ahora tienes prisa porque las niñas se vayan a dormir pronto para poder irte tú también pronto a la cama y antes tener un mini ratito para charlar con tu pareja si es que te quedan fuerzas. Porque la tarde-noche está plagada de tareas: que tu hija mayor haga los deberes mientras la pequeña no para un minuto tocándolo todo por la casa y tú detrás para que no meta los dedos en los enchufes y no se abra la cabeza con un pico de alguna parte. Bañar a la bebé. Vigilar que se duche la mayor. Vestir a la bebé. Vigilar que la mayor salga de la ducha de una vez y se vista antes de pillar su enésimo resfriado. Dar de cena a la enana y preparar la cena de los demás. Acostar a Lola. Sacar al perro (de esto se encarga siempre mi marido, he de decirlo, pero del resto de cosas los dos indistintamente). Poner la lavadora y la secadora. Cenar. Sacar la basura. Leer un cuento a Lucía. Acostarla. Recoger cocina. Y, a veces, cocinar para el día siguiente. Y entre todos estos quehaceres, queda todavía un resquicio para los buenos momentos, que son por ejemplo, el rato que Lola chapotea como loca en el agua y de paso me baña a mí, y las conversaciones con Lucía antes de dormir, que son algunas de las conversaciones más interesantes que tengo y he tenido nunca. Los niños para conversar son la leche, te dejan planchado casi todo el tiempo. Me encanta.

Y ya para acabar me queda una o dos horas para charlar con Ramón y/o ver algo de tele, últimamente estamos enganchados a "Cómo conocí a vuestra madre", que es una comedia muy divertida, que al principio te recuerda a Friends pero que luego te das cuenta que no tiene nada que ver. Otras noches, como ésta, saco energías de no sé dónde, enciendo el ordenador y escribo en este blog.

Buenas noches!

8 comentarios:

Calé dijo...

Un hermoso día, una hermosa vida...una famila muy linda, me das envidia, de la sana!!! Me imagino las charlas con tus nenas y me muero de ganas de poder vivirlo alguna vez. Un abrazo

Mariajo dijo...

:-) REalmente, con dos hijas, un marido, un perro y un trabajo, la vida ya es toda una aventura!!! Pero me encanta leerlo en positivo y, lo que no es tanto, con un poquito de buen humor.
Un abrazo!
mariajo

Merce dijo...

La verdad es que las prisas que llevamos no nos dejan disfrutar de las pequeñas cosas.
Ayer Míheret tuvo un día 10, y cuando te acuestas te sientes muy, muy feliz.
Nuestras hijas son la alegría de nuestra vida y tenemos que estar más atentas.
Un besito.

gloria dijo...

Y yo que pensaba que cuándo llegara mi enan@, dejaría de estudiar y de hacer cualquier otra cosa, aparte de trabajar, y que me encontraría con un montón de tiempo libre.... Ingenua de mí... jejeje
Un abrazo.

Laura dijo...

Aunque no debemos obviar lo negativo... éste cambio de tercio en el blog, me gusta!! me gusta leerte positiva!
Enhorabuena.
laura.

Sonia dijo...

Me veo bastante reflejada en tus palabras. La frase que mas digo es; "Venga, daos prisa"...menos mal que todo eso vale la pena.
Besos,
Sonia

Xiao dijo...

Mi hija les dice a sus muñecos por las mañanas"vamos prisa tarde hooooommmmbreeeee" (siempre con su media lengua...

F.F dijo...

Es lo que tiene terne hijos y más si son dos!! la verdad es que las prisas mañaneras las sufrimos todas y los pequeñes no lo entienden. Al final de día acabamos más cansados que ellos y con menos energías.
Bicos
Fátima

 
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