martes, 21 de abril de 2009

Empecemos por el final...

Lago de Debre Zeyit

Prefiero contar primero el final del viaje porque fue la parte más dura, la que se nos complicó y acabó dejándonos un amargo sabor de boca. Me da mucha pena y mucha rabia que el viaje acabara siendo tan complicado al final y nos dejara ese sabor agrio, esa mala leche y ese "estoyhastalasnaricesdestodoestonoaguantomas" que al menos a mí me acompañó durante las 18 horas de travesía desde Addis Abeba hasta Madrid.

Lo importante es que tuvo un final feliz y, aunque hechos polvo, con cara de "necesito una cama y una ducha", y con los nervios destrozaítos de tanto usarlos, los 13 viajeros españoles del grupo de Mundiadopta del vuelo Addis Abeba-Madrid de Ethiopian Airlines con salida a las 23:20 (22:20 en España) del día 16 de abril de 2009, llegamos a Barajas el día 17 de abril a las 15:00 horas. Increíblemente, nuestras maletas aparecieron enteras unos 45 minutos después por la cinta 19 de la T4. Así que, tras despedirnos de nuestra pequeña familia de viaje (se me hizo un pequeño nudo en el estómago), comenzamos a caminar muy nerviosos hacia la puerta de salida, donde nos esperaban nuestros familiares. Qué emoción. Pero esto no iba a contarlo ahora. Esto irá en otro post.

Volvamos al día 16 de abril, jueves, 20:30 hora local de Etiopía (en España una hora menos). Un par de furgonetas nos vienen a buscar a la puerta del Lions Den Hotel. Es el lugar donde suelen ir las familias de Mundi. Puedes buscar otro alojamiento si quieres, sin embargo nosotros preferimos éste para estar con el resto de familias.

Nos despedimos del personal del hotel, muy agradable, que nos ha tratado muy bien estos días, aunque algunos camareros hayan sido algo pesados, como Mengistu, que se pasaba todos los desayunos colmando de besos a los niños. A los cuatro días le temíamos. Aún así era un "coffe maker artist", como le llamaba Ramón. Sus cafés estaban muy bien preparados y sabían mejor. Le acabamos regalando una bolsa de aseo con alguna crema, suero fisiológico y una camiseta que él mismo se encargó de pedir.

También les dijimos hasta pronto a Esther y su pequeña Gelila, y a Lola, Jose y su pequeño y dormido Kedir, que ese mismo día acababan de llegar a Addis. Unos se van y otros van llegando. Fue genial poder compartir con ellos su felicidad de ese momento, el encuentro de Esther con su preciosa hija (gracias Esther por dejarme vivirlo) y la llegada al hotel de Lola, Jose y Kedir bajo la lluvia desde las Misioneras. Qué duro fue para vosotros chicos, pero al final salió bien y Kedir en un bebé super rico y gordote. Qué ganas de volver a veros a todos por aquí.

Antes de partir hacia el aeropuerto de Bole, le dimos la mano a Gabeo o Gaveo, no sé cómo se escribe, el representante de Mundiadopta allí, con el que mantuvimos una relación bastante peculiar y controvertida en los últimos cuatro días de estancia en Etiopía. Esto también va para otro post, que en este me he propuesto contar sólo el viaje de vuelta.

La ciudad de noche parece otra. ¿Será eso de que todos los gatos son pardos? El caso es que parecía que estabas en cualquier ciudad del primer mundo, atravesando sus calles menos concurridas. De repente todo el bullicio de Addis Abeba se esconde, desaparece, supongo que se va a dormir. No hay un alma por las calles, cuando a la luz del día están repletas de gente a todas horas que van y vienen, que trabajan, que van al cole, que no van a ninguna parte, que van a la iglesia, que piden limosna, que intentan vender un gallo o unas fregonas, que pastorean cabras o vacas por la carretera, que pasean, que se buscan la vida... La gente vive en las calles. Pero sólo con la luz del sol. De noche no sé qué sucede. Me impactó mucho el contraste día-noche.

Llegamos sobre las 21:00 horas al aeropuerto. Un edificio grande y moderno de grandes cristaleras. No imaginaba así un aeropuerto en África. Me gustó esta sorpresa el día de la llegada.

Ya en la calle pasamos un primer control con un policía que nos pidió los pasaportes. Y nada más entrar te hacen pasar las maletas, bolsos, carritos de bebé, etc, por el escáner. Y te hacen quitarte los zapatos. Como no me di cuenta, llevaba unas zapatillas de cordones que me hicieron perder los nervios en el último control de la noche. CONSEJO: llevad zuecos o sandalias, que se pongan y quiten de forma sencilla.

El mostrador de Ethiopian Airlines estaba cerca de la entrada y no había cola. Nada hacía presagiar la larga noche que se avecinaba. Nos acercamos al empleado de turno y enseñamos nuestros billetes electrónicos de vuelta, nuestros pasaportes y el mail de Ethiopian Airlines Madrid en el que se reflejaba que los billetes previstos en principio para el día 14 habían sido cambiados para el día 16 y en lugar de ser vía Frankfurt, eran vía Bruselas. Este último dato, el cambio de ruta, debió mover algún resorte extraño y desconocido en el cerebro de esta persona de la Ethiopian. Algo no encajaba, no entendía por qué habíamos cambiado de ruta. "Porque no había vuelo para hoy en la misma ruta, el más próximo era para el día 26". Como si este motivo no fuera suficiente para él, volvió a hacer la misma pregunta varias veces más. Empezamos a ver que se agobiaba. Algo no iba bien. Pero estábamos calmados porque faltaban dos horas para que el avión saliera. Así que, mientras el tema se arreglaba, me fui con Lola a cambiarle el pañal y a darle el bibe. Cuando terminé, Ramón seguía en el mostrador junto a una de las mamás que viajaban con nosotros. El reloj avanzaba y no nos daban las tarjetas de embarque. Nadie nos contaba qué estaba sucediendo aunque estaba claro que alguien había metido la pata en algún momento y nuestros billetes habían desaparecido como por arte de magia, después de haber sido confirmados por la aerolínea por mail desde Madrid y en persona en el hotel Hilton de Addis esa misma mañana. El empleado de Ethiopian se marchó durante más de media hora y volvió sudoroso y pálido diciendo que no nos preocupáramos, que iba a solucionar aquello. ¿Cómo no nos vamos a preocupar si ni siquiera sabemos de qué nos tenemos que "no preocupar" ni qué es lo que tiene que solucionar? Para entonces los nervios de todos están en plena ebullición. Nos vemos volviendo al hotel y sin saber cuándo regresamos a casa. CONSEJO: si modificáis los billetes de vuelta, exigid un papel en el Hilton cuando vayáis a confirmarlos que justifique vuestro billete. No os conforméis con un "sí, está todo OK". El papel es lo que vale.

Por fin, a las 23 horas, tenemos tarjetas de embarque. Empieza nuestra primera carrera de la noche para llegar al avión, que, menos mal, nos está esperando. Eso sí, de los siguientes tres controles no nos libra nadie, por mucho que el avión esté parado en la pista sólo por nosotros. Además cada control se realiza con riguroso tiempo etíope. Con tranquilidad, despacito, sin estreses (para el empleado).

Cuando casi en la puerta del avión me obligan a levantar a Lola del carrito, dormida como un cesto, para pasarlo por el escáner, exploto sin contemplaciones. La verdad es que esta gente debe estar muy acostumbrada y hasta las narices de gente como yo la otra noche, que grita en un idioma desconocido toda clases de improperios cuando les piden que se quiten las botas o pongan las maletas, de nuevo, por la cinta. Vale, sí, no tienen la culpa. Pero, vamos a ver, ¿para que cuyons te vuelven a hacer pasar todo otra vez por la maquinita dichosa? No lo entiendo. Y más un carrito de bebé de estos de tijera que no lleva ni bolsa debajo ni ná de ná. Hay que j..erse.

Luego me sentí fatal de decir las barbaridades que dije, aunque no pude evitarlo, estaba muy enfadada y nerviosa. Claro que la noche no había hecho más que empezar...

Me sentí aún peor cuando vi que el señor mete patas de la Ethiopian nos encajó en clase Business porque no teníamos plaza en turista en el vuelo. GUAU. La primera vez de mi vida que viajaba en primera en un avión, qué pasada. Al final, lo mal que lo habíamos pasado esa noche y toda la semana con los nervios de los papeles y demás, se compensó con esta "gracia" del destino.

Teníamos cunita para Lola y sillones super cómodos que se reclinaban del todo, con mogollón de espacio para estirar los pies. Nos dieron cenita y desayuno, también una bolsa de aseo muy maja, con pijaditas varias. Lo mejor de todo fue la cuna. Si hubiéramos ido en turista no hubiéramos tenido cuna porque al pedirla en la reserva nos dijeron que no quedaban. Hubiera sido un viaje infierno y la verdad es que fue bastante cómodo. Ya se sabe que no hay mal que por bien no venga.

Llegamos con una hora de retraso a Frankfurt. Sí, porque finalmente nuestra tarjeta de embarque fue sacada de Addis a Frankfurt y no a Bruselas. Cosas de Ethiopian. Corrimos por el aeropuerto como locos para intentar coger el avión de las 7:45 de la mañana de Iberia con destino a Madrid, que se supone que era el nuestro. Antes de nada pedimos en información que avisaran a Iberia de que 13 pasajeros del vuelo siguiente llegaban un poco tarde. Dimos por perdidos nuestros carritos de bebé, ya que nos dijeron que teníamos que pasar a por ellos donde los equipajes y para eso había que hacer una cola enorme puesto que había que pasar control de pasaportes. Así que no nos daba tiempo. Tuvimos que coger un tren, subir y bajar escaleras, correr por varios pasillos...

Por fin llegamos al mostrador de Iberia. El avión acababa de cerrar el embarque y estaba a punto de salir. Lo sienten, no podemos subir. A continuación empiezan los gritos desesperados y cabreados de varios de nosotros mezclados con llantos de bebés hambrientos y cansados y frases de las azafatas pidiendo calma. ¿CALMA?. "Mire señorita, nos han dicho que el avión nos iba a esperar, han llamado para que nos esperara el avión". "Si quiere puede usted poner una reclamación a Ethiopian Airlines por llegar tarde, o reclamar al aeropuerto". ARGGGGGGGGGGGGG. No queríamos reclamar, queríamos llegar a casa, ducharnos, tumbarnos en nuestros sofás, ver a nuestras familias, abrir nuestras neveras, bebernos un vaso de agua del grifo... La crisis de voces y lágrimas duró unos 20 minutos hasta que llegó un jefe de Iberia y nos dijo que no nos preocuparamos, que él nos iba a resolver todo para volver a Madrid lo antes posible. Y eso que el amable caballero aún no sabía, ni nosotros, que ni siquiera existíamos como pasajeros de Iberia. Por otra extraña razón que creo nunca llegaré a descubrir, nuestros billetes a Madrid habían desaparecido del espacio aéreo mundial. No éramos pasajeros de nadie. Estábamos, literalmente, tirados en Frankfurt. Para colmo, el padre de uno de los papás, se encontraba muy mal, con un cólico de viajero galopante desde hacía dos días. Creo que

Tuvimos que recurrir a Carmen, la directora de Mundi, que llamó a Ethiopian Madrid. A partir de este momento, los 13 delegamos el tema "vuelta a casa" en manos de Ramón y Sonia, que parecían los más relajados a la hora de afrontar esta situación crítica. Dos horas y media después, tras el disgusto de comprobar que cuando ya estaba todo arreglado, no estaba todo arreglado porque los billetes de los bebés no aparecían en el sistema (el ordenador se hizo un lío con esa costumbre etíope de apellidar a los niños con el nombre y apellidos del papá), y gracias al esfuerzo de Iberia que se portó fenomenal con nosotros (y gracias a Ramón, Sonia y Carmen), estábamos embarcando en el vuelo IB3507, destino Madrid.

¿Qué hicimos mientras los demás? Cuidar a los bebés y los gemelos (menos mal que el aeropuerto de Frankfurt tiene una zona infantil que es la caña y que ayudó a su papá a contenerles durante nuestras 4 horas y media allí), y recuperar los carritos (gracias Javi).

El segundo vuelo duró dos horas y media y se pasó rápido. Lola no lloró nada. En realidad no lloró nada en todo el viaje completo. Es una santa. Cuando estábamos a punto de llegar le puse la ropita que me había regalado mi madre para su llegada. Qué rica estaba. Toda de rosa. Monísima.

Qué emoción tomar tierra, qué subidón, qué felicidad. Estábamos a punto de ver a Lucía. Cuantísimo la echábamos de menos.

Cuando se abrieron las puertas de salida la vi a ella en primer plano, con su camiseta de rayas y su falda de pana. Me lancé a ella corriendo con Lola en brazos. Ella tardó un poco en verme a mí. Ví a mi padre y a Alfonso, el padrino de Lola. Me abracé a Lucía, también Ramón. Ella miraba a Lola sonriendo. Nunca olvidaré esa imagen.

Recuerdo el sonido de cámaras de fotos y luces de flashes. Mucha emoción y nervios, sensación de que todo el mundo te mira, alegría inmensa.

Javi se acercó y dijo "esta es la pequeña Lucía". No pude responderle nada, no me salía la voz. Vi a Sonia con los ojos llorosos y le dije adiós con la mano.

Mi madre tenía una sonrisa de oreja a oreja. Le puse a Lola en brazos. No paraba de decir que era muy simpática y preciosa. Todos los decían. Mi padre, Maribel (mi suegra), mi cuñado Javier, Alfonso, Lucía. Fliparon con la pequeña Lola. Y es que es para flipar. Para comérsela.

Ahora tenemos dos bombones preciosos en casa, uno de chocolate y uno de vainilla. Los dos deliciosos ;-)

20 comentarios:

Mar dijo...

Gracias por contarnos tus aventuras y desventuras en Addis, máxime cuando supongo que estarás liadisima con tus dos bombones.
Besos,
Mar

Mariajo dijo...

Menos mal que la odisea del viaje termina con una imagen tan fantástica, de una bienvenida que emociona tanto...
Un beso,
mariajo

Anónimo dijo...

GRACIAS POR ENCONTRAR UN RATO PARA CONTARNOSLO TODO, NUESTRO JUICIO ES EL 24 Y ESTAMOS NERVIOSISIMOS, PERO VER QUE AL FINAL TODO SE RESUELVE AYUDA

Laura dijo...

Bego, me alegro de este final feliz a pesar de la odisea.
Laura.

Sonia dijo...

Me has echo llorar!!! el final es precioso así que por muy mal que lo pasárais en ese momento ya pasó. Y ahora a comerte a tus dos bombones enteritos.
Besos,
Sonia

Bego dijo...

Jo tocaya, me has hecho llorar a mares, pese al mal trago del viaje el encuentro con tus hijas y tu familia ha hecho que me toque la fibra llorona.
Disfruta a tus hijas y a tu marido ahora que ya estás aquí.
Un abrazo

Bego dijo...
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lonojove dijo...

Bienvenidos!!!.
Que alegría que ya estéis los cuatro reunidos en Madrid.

POR FIN, CUANTO PASADO Y YA ESTÁIS TODOS JUNTOS. DISFRUTADLO MUCHO.

Un beso enorme Veli

Sory. dijo...

Hola Begoña,
nunca he viajado en avión pero son muy conocidos los famosos retrasos, overbukings...que normal que te pongan de los nervios y más aún en esas situaciones.
Lo que cuenta es que tuvisteis al final un vuelo agradable y que el encuentro con tu familia fué muy emotivo y no lo olvidarás nunca.
Espero poder conocer pronto a Lola y ver que Lucía está feliz con su hermanita.
Muchos besos.

Anónimo dijo...

Ayyy, Begoña, que me alegra muchisimo que estéis todos bien en Madrid, pero me temo que la odisea del aeropuerto no es culpa de Ethiopian tan solo… Lo que me extraña es que os dejaran ir con el cambio de billete sólo en un mail: nosotros, por si acaso, fuimos a cambiar el ticket, y allí te hacen el cambio físico. De hecho, tuvimos que volver un día después porque se les habían acabado los billetes como tales, les tenían que traer más. En una ciudad donde se va la luz constantemente, no hay billetes electrónicos ni nada similar, se usan los mismos tickets que usábamos nosotros hace apenas seis o siete años. Y te dejan bien claro que tienen que hacerte el cambio físico, real, en el propio billete, no valía con un mail, o un fax, ni nada similar.

En cuanto a los controles de seguridad… Da gracias a que estabas en Etiopía. Ni en Europa ni en EEUU hubiera esperado JAMAS un avión a nadie, menos no siendo culpa de ellos. Y no sólo tendrías que haberte descalzado y todo igualmente, sino que si encima les gritas, te vas directa al trullo. Te aseguro que los controles de Etiopía son una broma frente a los de Heathrow (que ahora está de traca) o cualquiera de los Estados Unidos, ¡y ahí no se te ocurra hacer ni un solo gesto de impaciencia! (Y te lo dice alguien a quien ha retenido hasta dos horas en un cuartucho inmundo, incomunicada del resto de mi grupo, porque tenía, literalmente "demasiados sellos" en mi pasaporte…)

Es una pena que no pudieráis ver más sitios de noche, porque hay zonas super animadas. Desde Meskel Square, donde hay unas pantallas gigantes donde transmiten desde la Eurocopa de fútbol a las Olimpiadas, a los bares y restaurantes de algunas zonas. Eso sí, como hay poca luz, parece más desierto!!! Y como bien dices, ¡no es el mismo bullicio que durante el día!
Me alegra saber que ya estáis aquí y qeu Lola está bien, ¡y que Lucía está haciendo de hermana mayor!

Por cierto, una duda: ¿por qué no se puede ir por la ciudad con los niños adoptados y sí a los lagos en el fin de semana? ¿Hay reglas diferentes de lunes a viernes? Yo es que cada vez entiendo menos…

Besos, besos, y enhorabuena,
Steffi

Bego (Much More Than I Am) dijo...

Hola Steffi,

Gracias por tu mensaje y tus felicitaciones. Es la primera vez que me escribes en el blog, bienvenida.

Me planteas varias preguntas y comentarios que a su vez me suscitan otros.

Verás, el billete de avión fue cambiado desde Madrid por la agencia de aquí, ya que desde allí no nos daban plaza de vuelta hasta el 26 de abril porque no te buscan vuelos por diferente ruta que la de tu billete. Si tu billete es vía Frankfurt, tiene que ser vía Frankfurt porque sí y no miran posibilidad de cambiarlo vía Roma, Bruselas o París. Y al ir al Hilton para confirmar el cambio nos dijeron que estaba todo OK.

No sé aún de quién fue la culpa exactamente pero 99% apuesto que fue la Ethiopian y que por eso el avión nos esperó, si no, estoy segura que estamos allí todavía. Es más, el empleado que creemos metió la pata, nos facturó los equipajes en un vuelo imposible Iberia Madrid-Frankfurt, cuando volábamos Addis-Madrid. Los empleados de Iberia no salían de su asombro cuando vieron esto.

En cuanto a controles, he viajado a EEUU y he pasado sus rigurosas medidas de seguridad. Soy consciente de que son necesarias, aunque quizá excesivas, pero cuando una lleva el estado emocional, el cansancio y el agobio acumulados en el cuerpo y estás a punto de quedarse en tierra con una bebé en brazos, una hija a 7.000 kilómetros y un trabajo que perder de su marido si se queda más días en Addis, creo que es comprensible y humano estallar cuando te piden que quites a tu hija del carrito para pasar el chisme por el escáner
otra vez.

En cuanto a la vida nocturna de Addis... sí, supongo que algún día podré conocerla cuando vuelva, pero ahora, francamente, mi nena se me dormía a las 7 de la tarde, no estaba como para salir de fiesta.

En cuanto a la polémica sobre si salir o no de los hoteles con los hijos. Nunca nadie nos ha prohibido que salgamos. Y hemos salido por Addis Abeba además de por los lagos. Aunque a mí me causaba bastante respeto pasear mi pinta farenji con una bebé negra por las calles de Addis. Me daba un poco de cosa, no sé, mientras otras madres con sus pequeños me pedían unos birrs. Lo pasé mal en esos momentos.

Un beso

Tuà dijo...

Buf! Yo viví una situación similar (aunque al final me quedé en tierra...) pero por suerte no iba con niños... porque con los peques debe de ser MUY MUY agobiante. Me alegro que todo saliera al fin! Los bombones sean del sabor que sean son deliciosos!

Steffi dijo...

¡Pues me ha encantado tu blog! No lo conocía, lo ví en el foro, y la verdad, está precioso, ¡enhorabuena! Está precioso, precioso. Y gracias por tomarte el tiempo de escribir y compartir cosas.

Entiendo perfectamente que te diera palo ver a niños como a tu hija en la calle. Es que ES un palo. Un palazo. Pero nuestros hijos vienen de esa miseria. No adoptamos en Suecia, ni en Dinamarca, sino en países donde los niños están en las calles. Y te entiendo perfectamente. Aún recuerdo las llantinas que yo me pegaba cuando le daba el biberón de las siete a mi hija. Mi compañero de viaje seguía durmiendo en el dormitorio, y yo me iba con ella al salón. Tras el biberón, la recostaba sobre mi pecho y yo me quedaba allí, oyéndola respirar, y se me venían a la cabeza lo que había visto durante el día. Niños con piernas como palos a causa de la polio, ancianos a los que daban golpes con un palo para que no se acercan a pedirnos dinero cuando entrábamos en un restaurante, de las mujeres, flacas como sarmientos, cargando con montones de leña tres veces más grandes que ella… Lo que más me impresiona fue una niña de la edad de mi sobrina, con no más de 14 años, con un bebé como mi hija colgando de su teta al aire. Yo iba en el taxi, con mi hija al lado, recién comida, feliz, segura… Y allí estaba ese bebé y su madre, que era otro bebé. Otro palo fue cuando puse dinero, desde un coche, en la mano de un niño y al depositarlo, me dí cuenta de que le faltaban varios dedos por la lepra. Aunque te diré que me dio más grima aún en este último viaje, cuando no vi mendigos: nadie sabe dónde se los llevaron por las celebraciones del Milenio. Perros y mendigos desaparecieron como por ensalmo.

Pero ese es el país del que vienen nuestros hijos. Es el país del que soy ciudadana por descendencia. Es un país donde además de la ceremonia del café, hay una ciudad durísima, cruel, injusta. Con gente de corazón enorme y con gente ruin y mezquina. Y mi hija viene de ahí, de esa pobreza, de esa miseria, de esas calles.

Te preguntas donde está por la noche toda esa gente que estaba de día en las calles. Algunos están en sus casas. Otros, hacinados varios en una sola habitación. Otros, durmiendo en chamizos infectos. Algunos, en esas cajitas de metal que se veían por las calles. ¿Te fijaste? Una especie de maxi buzones metálicos, puestos en alto. Son cajitas en las que se encierran los que tienen la suerte de poseer uno para dormir, y así tienen algo mejor que la pura calle.

A mí no me resulto extraño ir con una niña negra por la calle. A veces, fue hasta cómico. Como el niño que miraba por encima de la ventanilla del coche y , cuando saqué a la niña, dijo, chillando horrorizado, “¡ha sacado un bebé del bolso y estaba vivo!”. Los niños que te decían que les llevaras a ellos contigo… Los que bendecían a la niña… La señora etíope, enjoyada y obviamente rica, que en su inglés de perfecto acento británico me dijo que ella JAMAS dejaría que sus niños salieran en adopción, que a saber qué iban a hacer con ellos… La peluquera del hotel, con la que compartí historias de madre soltera y que me contaba lo durísimo que había sido para ella criar a un hijo como madre soltera, que estaba muy mal visto y el disgusto que había sido para su madre… El taxista habitual, que nos acabó presentando a su hija de diez años para ir a comer con ella… La joven etíope, criada en EEUU, que nos explicaba lo extraña que se sentía en Addis a pesar de haber nacido allí… El etiocubano que nos contó cómo acabó en la cárcel en las revueltas del 2005… La camarera del Al Baraka que nos explicaba cómo funcionaba el fumadero de chat de al lado… (¡y el cordero de ese sitio, flipante!!!) La chica del café de Internet que hizo un negociete con su amiga para alquilarnos su móvil y comprarnos tarjeta para poder ella, algún día, montar su propio Internet café… No habría coincidido con el fotógrafo personal de Clinton en el Sheraton y no habría estado de charla dos horas con él, descubriendo cosas alucinantes sobre la Casa Blanca… (reconozco que aún me alucina pensar que a una membrilla como yo le ha hecho fotos Ralf Answang, que para nosotros, los periodistas, es una celebridad, aaaaarggggg!!!!) Todo eso, y aún más, me lo hubiera perdido.

Supongo que por eso siento tanta pena ante esas extrañas restricciones. Sinceramente, si yo tuviera que viajar ahora, no sé qué haría. Sé que en su momento no paré un segundo. Creo que si me hubiera tenido que quedar en el hotel, me habría vuelto loca. Y yo soy una afortunada: volví a Addis poco más de un año después, creo que volveré pronto, y volveré aún más veces. Pero, ¿qué hay de la gente que no puede regresar con tanta facilidad? ¿Cómo entenderán de dónde vienen sus hijos, cómo se lo explicaran? Y, lógicamente, esas informaciones cruzadas que vienen en torno a esa “recomendación” me desconciertan aún más. Como te digo, no sé qué haría, pero sólo sé que sería emocional y vitalmente más pobre si no hubiera podido patearme Addis de arriba abajo. Y sabría menos de la cultura que ha entrado en mi casa, y en mi vida, por la puerta grande.

En cuanto a lo del avión, ¡cómo no voy a entender el cansancio, el agotamiento y todo lo demás! Pero, sinceramente, en ese billete había algo raro. Primero, si vais a Bruselas, no podéis de repente ir a Frankfurt. Las rutas europeas de Ethiopian son Paris / Bruselas (salen de noche); Frankfurt / Estocolmo (salen de noche) y Roma / Londres, que salen de día. Y nosotros fuimos por Bruselas y volvimos por Roma, y fue complicado conseguir el cambio, pero, con ese decalaje de un día por la necesidad de cambiar el ticket físico, lo conseguimos. Aunque no nos dieron el nuevo ticket hasta que no les llegó la confirmación desde Madrid. Un coñazo, vamos. Sin embargo, al menos lo hacían gratis: Lufthansa hacía lo mismo y te cobraba por el cambio.
En general, hay más vuelos nocturnos porque a esa hora, hace más frío, y los aviones ahorran mucho combustible al despegar, algo muy importante en una ciudad tan alta com Addis, donde el aire tiene menos oxígeno. De todas formas, Ethiopian te obliga a reconfirmar tu vuelo 72 horas antes, si no, están en su derecho de cancelarte el billete, viene en su contrato.
Y el vuelo de Iberia no depende de Ethiopian porque no son compañías asociadas ni tienen códigos compartidos. Otra cosa es que la agencia que lleva Ethiopian sacaran vuestro billete y cometieran un error, pero, por otro lado, vuelo teníais, porque si no os toca comprar otro en Frankfurt - sí o sí. Y es que los aeropuertos son un horror, viajar con niños es un c…, los viajes largos se hacen super pesados, pero ni siquiera son ya viajes emocionantes, no son más que transporte de carga humana. ¡Y todavía tuviste suerte de que te hicieran un upgrading! A mí me hicieron lo contrario: estaba invitada en un super viaje de mega lujo de trabajo – y nos pasaron a cinco del grupo de Primera a Turista. En un viaje de ¡12! horas, y todo de día… Así que ya ves, ni un billete carísimo te salva de que te den por saco!!!! (Yo que soñaba con ir como una reinona, y mira que chasco…)

Bueno, me he enrollado como una loca, ¡PERDÓN, PERDÓN, PERDÓN! Pero es que me da muchísima pena que estas nuevas recomendaciones hagan que uno de los viajes de nuestras vidas se quede reducido a conocer un hotel –clausura. Sobre todo cuando Addis es una ciudad muy segura, muy fácil de transitar, con muchísima gente que habla inglés (más que en Madrid, fijo) y por lo que es muy fácil entenderse. Porque al final, de entender se trata, para luego poder entender nuestra propia maternidad adoptiva y el origen de nuestros hijos. Porque sí, está muy bien hablar a nuestros hijos de la reina de Saba, la ceremonia del café, el calendario de trece meses o Menelik, pero mi hija no procede de allí. Procede de la miseria, el caos, de una sociedad donde la mujer no tiene control sobre su cuerpo y en la que pare con dolor y a riesgo de su vida, Una sociedad donde no valen nada, donde los niños no valen tampoco nada y donde bastante tiene cada uno con intentar tirar para adelante como puede. De ahí viene, no desciende de Salomon ni del Arca de la Alianza.

Un beso enorme a todas: tiene que ser precioso ver a tus dos hijas juntas, y espero que pronto podáis volver a Addis para conocerlo a fondo, porque es un viaje duro, sí, pero fascinante.

Steffi dijo...

¡Lo sientooooo, no me había dado cuenta hasta ahora de lo largo que me había salido ,me he embaladoooooo, LO SIENTO!
Eso sí, ya he aprendido a poner mi nombre al menos…

pau dijo...

Nena,no lo tomes cómo mal recuerdo o mal sabor de boca...
Yo corrí,volé,iba sola,frankfurt me sobrepasó,física y sicológicamente,carreras,escaleras automáticas,la silla,niña,bolsa de mano de más de ocho kilos,y mucho estrés,ansiedad...
Plegaba la silla con un pié mientras con una mano agarraba a mese y con la otra,uf,todo...y al llegar a madrid nos tuvieron horas en el aeropuerto y una hora en pista...pero,llegamos a casa...y vosotros,llegasteis a casa,es una historia más!!!!
bienvenidos y gracias por compartir
pau y mese

Anónimo dijo...

Bueno,después del "testamento" de Steffi solo me queda decir que comparto muchas de sus impresiones sobre el país. Como sabes he regresado hace poco de Etiopía, aunque mi viaje no fue de adopción. También pateé sus calles, no solo de Addis, sino de otras poblaciones al Norte que tuve el placer de visitar. Y me he quedado con ganas, sin duda volveré. Addís me pareció una ciudad muy segura para pasear, incluso con niños, nosotras vimos muchas familias con sus niños etíopes adoptados y nunca vi un mal gesto de la gente. Aunque entiendo que en un viaje de adopción la percepción es diferente, precisamente lo que más me gustó del viaje fue el contacto con sus gentes, cariñosas, afables y siempre con la sonrisa en la boca a pesar de la adversidad.
No me enrollo más, BIENVENIDOS!!

Bego (Much More Than I Am) dijo...

Madre mía , sí que te salió laaaargo Steffi ;-) Gracias por contarnos tus impresiones sobre Addis. Mi viaje quizá no fue tan rico como el tuyo, aunque intenté absorber todo lo que pude y abrir mucho los ojos y los oídos y el alma para luego poder contar aquí lo que vi y sentí.
He tenido la suerte de compartir viaje con una pareja que el año pasado se recorrió Etiopía y que nos contaron muchas cosas del país. No es lo mismo, pero estuvo muy bien conocer su experiencia. Y sí, mi intención es viajar más al país y recorrerlo todo lo que pueda. A ver cuándo tengo la oportunidad.

Aprovecho para agradecer a todos vuestros mensajes: Emma, Mar, Sonia, Mariajo, Bego, Laura, Karl, Veli (no te queda nada), Sory (cada día uno menos) y Pau.

Besos

Bego (Much More Than I Am) dijo...

y gracias a Victoria también ;-)

Nür dijo...

Señor, qué odisea! Imagino perfectamente el estado de nervios y el griterío... qué lástima!
Menos mal que al final, en casita sanos y salvos.
Un abrazote,
Nür

Anónimo dijo...

Siento que tu viaje de vuelta te haya dejado tan mal recuerdo! Pero seguro que ya se te ha pasado el monumental cabreo!!!!
Pero así son los controles en las salidas de los paises, seguro que ya olvidaste el control de Barajas, que si el cinturón, que si los zapatos, que si pitan las cremalleras.......pero son leyes internacionales de seguridad, que se aplican rigurosamente aunque vayas con carrito y bebe! Yo viajé en Octubre pasado con Ethiopian Airlines, también con carrito y con bebé y para mi fue una sorpresa muy grata encontrarme con tan magnifica compañia, con unos buenos aviones, sin retrasos, buen trato y un personal muy atento y con cuna, ya que me permitiron facturar a las 6 de la tarde, cuando el avión salía a las 12:30 de la noche, permitiendote el cambio de fechas tanto a la ida como a la vuelta,sin coste ninguno.
Y bueno, para malas experiencias con compañias aéreas tampoco hace falta salir de España......
Y sigo sin entender eso de las salidas fuera del hotel, tu dices que si, que podiaís salir, y la Ecai con la que yo tramité, hace firmar un documento en el que los padres se compromenten a no salir del hotel......y a ti te programan una excursión en el fin de semana, y tuviste que pagar por ella????

Espero que pronto te repongas de tu odisea del viaje de vuelta, y nos cuentes más cosas y mejores de la tierra que vió nacer a mi hija, y que es un pais al que adoro y que espero regresar con Ethiopian otra vezzzzzzzzzz!!!!!

Bienvenidos.......

Uxía

 
doctorate degrees
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